sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos filmes cubanos por Premio de la Popularidad

Vestido de novia, el drama cubano de Marilyn Solaya que narra la historia de la primera persona transexual cubana, marcha en la punta de las votaciones por el Premio de la Popularidad del XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

La cinta se sitúa en la Isla en el año 1994 y toma como motivo argumental el relato de amor entre Ernesto (Luis Alberto García) y Rosa Elena (Laura de la Uz) para proponer una reflexión sobre la violencia hacia la mujer, la intolerancia y la hipocresía.

En la segunda posición entre las cintas más votadas por los espectadores asistentes al XXXVI Festival del Nuevo Cine corresponde a Fátima o El parque de la Fraternidad, de Jorge Perugurría, ambientada en el universo de la homosexualidad en Cuba.

Relatos salvajes, drama argentino de Damián Szifron, está ubicada en la tercera posición en las calificaciones, cuyos resultados finales se darán a conocer el próximo domingo en la gala de clausura y premiación de la cita habanera, con sede en el cine Charles Chaplin.

Esta película de Szifron es considerada como una de las fuertes candidatas al Gran Premio Coral, luego de pasear con éxito de taquilla y público por más de una decena de festivales internacionales.

Ganador de varios lauros de la Academia Cinematográfica de Argentina, el filme ya obtuvo el Premio Glauber Rocha, que otorga la prensa extranjera acreditada en la cita habanera.

El Premio de la Popularidad tiene un gran valor para los cineastas asistentes al evento por las características sui generis del público cubano, que todos los años, en el mes de diciembre, colma las salas y pasa varias horas de colas para disfrutar de las películas.

Fuente: www.adelante.cu

jueves, 11 de diciembre de 2014

El regreso de Fátima

Por Adriana Zamora

Jorge Perugorría ha hecho un filme interesante a partir de un cuento de Miguel Barnet lleno de estereotipos.


Hace algunos años, cuando leí el cuento "Fátima o el Parque de la Fraternidad", de Miguel Barnet, no me entusiasmó demasiado. Consistía en un monólogo demasiado largo de una prostituta travesti en La Habana, estereotipada a más no poder, reiterativa y hasta afectada en ocasiones. Aunque no se puede acusar a Barnet de escribir mal, al cuento le sobraban páginas y a Fátima, la protagonista, le sobraba histeria.

Al ver en la cartelera del 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que Jorge Perugorría presentaba una película basada en el cuento, me pregunté: "¿Qué habrá hecho Pichi con el texto? ¿Será su Fátima como la de Barnet o logrará sacarla del estereotipo?".

La proyección en el cine Chaplin estuvo precedida por unas palabras del director de la película, quien agradeció al ICAIC, al Festival y a todo el equipo de realización. Luego, Carlos Enrique Almirante, el protagonista, dedicó su actuación a su padre, el actor Enrique Almirante. Estas palabras conmovieron a un auditorio de colegas, pues fue escaso el público no acreditado que alcanzó a entrar en la sala.

Ver la película despejó mis dudas. El guión de Fidel Antonio Orta, la dirección de Perugorría y, sobre todo, la actuación de Carlos Enrique Almirante, entregaron al público cubano una Fátima más humana, cercana y hasta entrañable.

El texto de Fidel Antonio Orta no pudo prescindir de la narración en off de Fátima, ni de los soliloquios de esta frente a la foto del amante ausente. Era de esperar, dado que el cuento de Barnet tiene demasiadas divagaciones y convertirlas en acción dramática era una tarea titánica de la que Orta salió bastante bien parado, pese a todo.

La dirección de Perugorría apostó por la naturalidad y por la importancia de algunos detalles que dieron vida y veracidad a la obra. Detalles de caracterización, como el póster de Rosita Fornés en la pared de Fátima o las chancletas rojas con floripondio que usa para irse a bañar al aseo comunitario. Detalles de ambiente como el telón de fondo del bar de travestis La Potajera de Bejucal, hecho con pomos plásticos de litro y medio. Detalles que dicen más que los parlamentos, como cuando Manolito (Fátima) le anuncia a su amiga La Gorda que decidió dedicarse a la prostitución y mientras lo dice, tras el buró donde ella trabaja se lee un cartel de esos tan comunes en la propaganda revolucionaria: "Creemos en el futuro".

Las escenas de sexo son otro punto que llama la atención en el guión y la dirección de la película. Pudiera parecer que no las hay, pero sí. Lo que ocurre es que, besos apasionados aparte, las imágenes de sexo son sustituidas por escenas con gran carga de erotismo. ¿Qué podría ser más sexual que dos jóvenes semidesnudos cabalgando sobre el lomo de un mismo caballo? ¿O que dos hombres bailando a solas una rumba donde uno vacuna al otro?

Carlos Enrique Almirante en su caracterización de Fátima, siguió la misma línea de naturalidad planteada por el director. Es muy común en Cuba escuchar a la gente decir, refiriéndose a un travesti: "Quiere ser tan femenino que es más mujer que las mujeres". La Fátima de Almirante está alejada de esa línea que se asocia con el estereotipo del travesti, exagerado y hasta grotesco. Fátima no es un hombre imitando a una mujer, es una mujer que nació por error dentro del cuerpo de un hombre. Cuando habla por teléfono, cuando conversa con su amiga en el balcón, cuando se pone crema en la cara, la Fátima de Almirante es femenina, sin necesidad de estridencias. Sigue siendo devota, obsesionada con las monjas y los ángeles, admiradora de Lady Di, enamorada hasta la muerte de un hombre que la prostituye en su beneficio y aún fuera del país sigue explotándola. Sin embargo, la Fátima de Almirante y Perugorría es sensible donde la de Barnet podría ser sensiblera.

La película cuenta con otras interpretaciones de lujo: Broselianda Hernández es la madre de Manolito­-Fátima, una mujer amorosa y sencilla, abusada por su marido y defensora de su hijo. Es tan simple que, teniendo dinero para comer, solo sueña con carne de puerco y congrí. "¡Aceitunas!", dice extrañada. "Mousse de chocolate... ¿qué es eso?"

Néstor Jiménez, también está brillante en su papel del padre alcohólico, homofóbico y violento.

Tomás Cao interpreta a Vaselina, el amante y chulo que usa a Fátima y mantienen una relación apasionada y contradictoria.

Mirtha Ibarra es La Gorda, amiga de Fátima, que representa el mejunje que es la espiritualidad criolla. "Si nos vamos a quedar en este país hay que meterle a todo", declara.

Bien las amigas travestis de Fátima, interpretadas por Cucú Diamantes y Jazz Vila, personajes llenos de simpatía.

Pequeño, pero contundente, el personaje del camionero de Patricio Wood, una representación del prejuicioso hombre cubano que disfruta el cuerpo de Fátima, pero le aterra que alguien se pueda enterar de su "desliz". Un hombre que pasa de la frase "No hay miedo" a "Yo nunca había hecho esto" con una naturalidad que espanta.

En el caso del piloto interpretado por René de la Cruz Jr., nos enteramos de que es valenciano porque lo dice la voz en off, pues las "zetas" que le parecen tan simpáticas a Fátima el actor nunca las pronuncia.

No se pueden pasar por alto las situaciones que son, en esta película, una crítica implícita a la sociedad homofóbica que vivimos. Que un jefe tenga que "convencer" a sus empleados de que un profesional perfectamente calificado y homosexual tiene derecho a trabajar en una empresa, habla de la discriminación social. También está el padre, que pega a su hijo y le exige: "Baja la manito y coge la cuchara como un hombre". La frecuencia con que los travestis tienen que prostituirse para sobrevivir o mejorar su situación económica queda clara en la frase de Fátima: "Homosexual, travesti y jinetera... La Santísima Trinidad". Se deja ver también la impunidad de la policía para "cargar" a estas prostitutas para la estación, en una nombrada Operación Pluma.

Una crítica fuerte y dolorosa por su recurrencia en nuestra sociedad es la que atañe a la doble moral, representada por el personaje del camionero: Esos hombres que se presentan a sí mismos como "machos heterosexuales" y, al tener sexo con un homosexual, comienzan por justificarse diciendo que fue su primera vez, para terminar con amenazas tan fuertes como: "Cuidadito con conocerme por ahí si no quieres conocer el peso de mi camión".

Fátima o el Parque de la Fraternidad resulta una película interesante, que logra sacar partido favorable de un texto literario, de magníficos actores, de una banda sonora producida por Ernán López Nussa y de una visualidad presidida por una Habana en ruinas que sigue siendo hermosa a pesar de todo. Esta versión cinematográfica desempolvó un personaje y una historia que podía haberse quedado en aquel cuento demasiado largo, pero no fue así. De manera que puede decirse sin problemas: Bienvenida de regreso, Fátima.

Tomás Cao y su “Vaselina” contra todos los estereotipos

Lianet Leandro López| Foto: Eduardo Rodríguez (still de la película)  

Tomás Cao es uno de esos actores que, aunque no esté constantemente en las pantallas de cine o televisión, entrega siempre personajes sólidos, coherentes y orgánicos, como su “Vaselina” de Fátima o el parque de la Fraternidad, rol que apunta a un crecimiento en su carrera.

Complejo como la película en sí, el personaje podía fácilmente caer en el estereotipo, pero el artista lo llevó por un camino tan acertado que, por muy repulsiva que pareciera su participación en el destino del protagonista, el espectador encuentra en él las virtudes que enamoraron a Fátima.

Aunque en estos días del XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde se estrenó el filme, Carlos Enrique Almirante se llevó la mayor parte de las felicitaciones por su actuación en la piel del travesti, pero el trabajo de Cao es digno de destacar, pues resulta esencial en el conflicto.

“Vaselina”, o Andrés Hidalgo, es un personaje tan contradictorio como el propio protagonista, ya que a la vez que representa el arquetipo del macho latino, fuerte, apuesto, divertido y conquistador, es un chulo homosexual que vive abiertamente con otro hombre.

Es, además, el responsable de la transición hacia lo que aquel siempre quiso ser, pero no solamente por amor o comprensión, también porque de ello, como su proxeneta, saca provecho económico.
A la pregunta sobre cómo llegó a la construcción de “Vaselina”, el actor confesó que en un primer momento se acercó al lugar común, pero la acertada dirección de Jorge Perugorría lo guió hacia la humanización del personaje, y consiguió formar parte de esa especial relación de pareja, y a la vez de amigos, entre Fátima y él.

Para él fue un rol transgresor en varios sentidos, pero su buena interacción con Almirante, dentro y fuera del plató, facilitó mucho el proceso, y personalmente está muy agradecido de esa experiencia, en la cual pudo compartir con otros grandes de la actuación cubana como Mirta Ibarra, Broselianda Hernández y Néstor Jiménez.

Tomás Cao ha participado en otras exitosas cintas como Habana Blues y La película de Ana.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Fátima, o el parque de la Fraternidad y Vestido de novia

viernes, 5 de diciembre de 2014

Perugorría se consagró como director, dice Miguel Barnet

El actor Jorge Perugorría se consagró como director con la realización de Fátima o el parque de la Fraternidad, dijo Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, luego del estreno hoy de esa película, basada en un cuento homónimo de su autoría.

Es una historia difícil, dramática, sobre vidas muy duras y rotas pero reales, y por eso se debe escribir sobre ellas, y creo que tanto Perugorría como el guionista Fidel Antonio Orta interpretaron exquisitamente el espíritu del relato, señaló a la prensa el autor a la salida del cine Yara, en esta capital.

El filme es una de las cintas cubanas en concurso en el XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, y según comentó su director, es la más compleja que ha realizado en su carrera detrás de las cámaras.

Fátima o el parque de la Fraternidad narra la vida de un joven homosexual y travesti, quien se prostituye para ganarse la vida y además mantener económicamente al hombre al cual ama, y quien debe además enfrentar todas las complejidades derivadas de sus decisiones.

En las palabras del propio Barnet, quien obtuvo el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo 2006 con el relato original, es también un canto por el respeto al otro, a los seres humanos, pues por muy difícil que sean sus circunstancias, todos tienen sentimientos puros.

Por su parte, la destacada actriz Mirta Ibarra, intérprete de Fresa y chocolate, Guantanamera, y otros relevantes filmes cubanos, elogió la actuación de Carlos Enrique Almirante en la piel de Fátima, y consideró que ese papel fue su consagración como actor de cine.

Luego de esta presentación en el Yara, el filme se exhibirá en otras salas del circuito del festival, que acontecerá hasta el próximo día 14.

La película Fátima o el Parque de la Fraternidad es el primer estreno cubano dentro de la cartelera del XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

Dirigida por el actor Jorge Perugorría, la película Fátima o el Parque de la Fraternidad será el primer estreno cubano dentro de la cartelera del XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que acontece en La Habana hasta el próximo día 14.

El cine Yara acogerá, en las tandas de las tres de la tarde y las 10 y media de la noche, la presentación del largometraje de 90 minutos, protagonizado por Carlos Enrique Almirante, Tomás Cao, Broselianda Hernández, Mirtha Ibarra y Néstor Jiménez, y basado en un cuento homónimo de Miguel Barnet.

Galardonado con el Premio Juan Rulfo en 2006, el relato llevado al celuloide narra la historia de un hombre que se trasviste y asume una identidad femenina, conflicto mediante el cual además se busca tocar temas sensibles como la aceptación, el respeto y la autorrealización.



miércoles, 25 de junio de 2014

Carlos Enrique Almirante: Fátima significa un antes y un después en mi carrera

Por Yeneily García García

Un club nocturno. Humo. Una clientela de dudosa reputación llena las mesas, que rebosan de bebidas a medio terminar. El silencio, improbable en un bar de los “bajos fondos”, se extiende cuando llega a la escena una joven mujer, que en un movimiento de caderas, asegura todas las miradas del salón.

Y…. ¡corten!

Jorge Perugorría, por segunda vez en el rol de director de un largometraje, da la voz.

Se trata de Fátima, una cinta a la que le ha tocado ser la primera en la filmografía cubana dedicada enteramente a una identidad transexual, personificada en su protagonista, que le da nombre a una historia basada en el cuento homónimo del reconocido etnólogo y escritor Miguel Barnet.

Quien vea las imágenes del filme, actualmente en proceso de postproducción; probablemente no reconocerá al actor principal, que en una radical transformación física interpreta al desventurado y al mismo tiempo optimista personaje de Fátima.

Acostumbrados a verlo en papeles masculinos y siguiendo los pasos de su famoso padre, Enrique Almirante –que tantos suspiros provocó en su carrera como galán de televisión- Carlos Enrique ahora se nos presenta en la piel de un travesti que canta de noche en un club nocturno y que reclama al habanero Parque de La Fraternidad como su terreno de batalla.

Carlos Enrique Almirante en Fátima, de Jorge Perugorría (Foto: Yander Zamora)
Según sus propias palabras, la película ha exigido tan alto nivel de preparación y de interpretación que marcará un antes y un después en la carrera de este actor.

Cubacine conversó con él sobre el papel, “el más difícil de los que me ha tocado encarnar”; sobre el elenco que lo acompaña y lo que puede significar para el entorno cinematográfico nacional el estreno de este filme.

Fátima es un personaje que tiene muchos estados dentro de la película, sin embargo, son esos mismos matices los que lo hacen más completo, más rico a la hora de interpretarlo. ¿Cómo te preparaste?


La preparación fue durísima. En muy poco tiempo también: solo un mes antes que empezara el rodaje fue que me dieron el personaje. Antes de eso estuve yendo al espectáculo de Rogelio Conde, haciendo la canción Caricias con todos los transformistas como una más y esto me sirvió para entenderlos y acercarme un poco más al personaje.

Estuvimos horas hablando y a la mayoría le ha pasado más o menos lo mismo que le pasa a Fátima. Han sido vivencias reales que me han ayudado a la hora de sacar esos sentimientos fuera y observando mucho, viendo a las mujeres, porque en realidad ellos representan a mujeres.

Escuché muchas historias reales. Uno cuando trabaja con estos temas tiene que ir a la memoria emotiva, a lo que ha vivido, y yo no he pasado por esas cosas. Me ha ayudado conversar con ellas y conocer un poco de lo que han vivido. Me ha servido mirarlas a los ojos y ver el dolor, el sufrimiento y cómo lo trasmiten.

He visto muchas películas relacionadas con la temática gay, he ido a los shows y he estudiado muchísimo. He tenido que estudiar más que para otros personajes. Estoy en toda la película, debo seguir una continuidad, porque toda la historia pasa en un día y en ese día ella recuerda cada momento de su vida.

Has afirmado que lo principal para un actor joven es encontrar la motivación necesaria para hacer algo.

Creo que es lo principal. La motivación te la da el hacer cosas diferentes. Cada vez quieres personajes más distintos a ti y distintos unos de otros, y este, por supuesto, es el rey de las motivaciones. Es completamente distinto a mí en todos los sentidos y eso te llama más la atención a la hora de construirlo, de actuar, de enfrentarte a algo. Mientras más distinto te vean, más interesante es para el público, y para uno, que siempre lo encasillan en un tipo de rol. Es la gloria interpretar un personaje como este.
Carlos Enrique Almirante en Fátima, de Jorge Perugorría (Foto: Eduardo Rodríguez)
El elenco de esta película es casi de lujo. ¿Cómo ha sido trabajar junto a Mirta Ibarra, Broselianda Hernández y los demás actores?

Trabajar con ellos me ha ayudado muchísimo. Estar con Mirta, que hace de mi mejor amiga; con mis padres, Néstor Jiménez y Broselianda. Mario Guerra interpreta al director de una empresa en la cual yo pido la baja, y Tomás Cao hace de mi pareja. Por suerte ha sido él, porque somos amigos y es un personaje bastante difícil y creo que si no hubiera sido por él y por como nos llevamos, hubiera sido un poco complicado.

Pero trabajar con todos ellos ha sido muy bueno, tenemos escenas muy difíciles sobre todo con mis padres, que son escenas muy difíciles para un actor. Veía el guion, veía lo complicado de las escenas, pero me decía, la suerte es que van a estar Néstor y Broselianda o va a estar Mirta o Tomás, y cualquiera de ellos te apoyan, te ayudan. Entre todos sale la escena. No es un trabajo de uno, y ellos me han apoyado muchísimo en todo.

La temática gay es ampliamente abordada en el cine cubano de las últimas décadas. ¿Crees que Fátima se diferenciará de las que ya se han hecho o será solo una película más?

Estamos en una época en la que van a salir varias películas que toman este tema, es lo único que está en contra, porque hubiera sido ideal que fuera la única, pero no creo que vaya a ser una más. Cada una tiene características diferentes y no es tanto el mundo del espectáculo, el mundo gay, sino el dolor de una persona, que puede ser un travesti o no.

Tu carrera va a cambiar después de este personaje…

Independientemente de lo que pase con la película, para mi carrera es un antes y un después si se trata de Fátima. Al ser un personaje tan complejo, me he tenido que enfrentar a escenas muy difíciles que en otros trabajos no he tenido que hacerlo y vivido por momentos muy emotivos. Llora, ríe, le dan golpes, se va de su casa, canta en un cabaret, son muchos estados y eso te ayuda muchísimo. He puesto mi vida en este personaje. Para mí es como una prueba, estoy probándome a mí mismo que puedo hacerlo, que puedo hacer escenas difíciles, que puedo enfrentarme a cantar, a bailar, a todo lo que me proponga.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Fátima: un canto a la diversidad



El escritor y guionista Fidel Antonio Orta comparte detalles sobre la génesis del esperado
filme cubano

Por: Madeleine Sautié | www.granma.cubaweb.cu | 20 de diciembre del 2013

Mucho se habla de la película Fátima o el Parque de la Fraternidad, basada en el cuento homónimo de Miguel Barnet, dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada por Carlos Enrique Almirante, una obra que se adelanta como un canto a la capacidad de resistencia de los seres humanos y al respeto a la diversidad en el más amplio de los significados.

El guionista es el escritor y periodista Fidel Antonio Orta, autor, entre otros, de El telescopio de la hormiga, un libro donde desmenuza los periodos creativos de su padre, nuestro Indio Naborí, que verá la luz próximamente en Cuba a cargo de Ediciones Unión.

Sobre su labor en Fátima…, Orta ofreció a Granma sus impresiones y expectativas.

—¿Qué riesgos asumió al aceptar escribir el guión?

—"El principal riesgo era adueñarme de la esencia sociológica del cuento original y del interés psicológico de su protagonista. Como se trataba de un guion para cine, había que darle a Fátima un tratamiento dramático más extenso, involucrando al personaje en una cadena de acciones que desde el inicio lo hicieran dueño de los rasgos psicológicos dominantes. Entonces quedó listo un guion no lineal donde se refleja un drama social de corte psicológico. El propio Miguel Barnet ha declarado sentirse más que feliz con los resultados."

—¿En qué momento se establece el primer contacto?

—"Primero compartí mi trabajo con tres personas que eran determinantes en este proyecto: Miguel Barnet, Jorge Perugorría y Jay Rodríguez Fuentes (productor ejecutivo). Los cuatro nos reuníamos con frecuencia para hablar de la película. Contando ya con un guión bien cerrado, vino después el trabajo de mesa director-guionista. Ahí es donde entra y toma fuerza la visión cinematográfica del director; pues su mirada, al ser también creativa, siempre se proyecta con cristal de aumento, una necesidad que Perugorría viene ejecutando con virtud de primera mano."

—¿Qué particularidades tiene el guión en círculo, que es el de la película? ¿Cómo se relaciona con el tiempo psicológico de la historia?

—"El cronológico es el tiempo real (presente), y el psicológico (pasado) es todo el tiempo que transcurre en la mente del protagonista. En el cronológico pasan cinco horas, pero en el psicológico pasan más de veinte años. La trama como tal está concebida a partir de una estructura donde se resume un pensamiento en círculo. Fátima llega a su casa (La Mansión) en horas de la tarde, y vuelve a salir en horas de la noche. En la crudeza y singulares matices de su propia vida se localiza el principal conflicto de este relato fílmico. El tiempo cronológico de la historia transcurre en un cuarto de solar (La Habana, Cuba, 2013). Pero el tiempo psicológico, de vital importancia para el desarrollo coherente de la trama, va caracterizando a la protagonista desde que tiene 7 años".

—¿Qué valoración le merece el cuento en el que se inspira la película?

—"El cuento de Barnet, que mereció el Premio Juan Rulfo 2006 de Radio Internacional de Francia, es un ejemplo mayor de singularidad temática, brevedad, tensión, intensidad y caracterización de un personaje. Sin duda alguna es una joya de la cuentística cubana y una clase magistral que demuestra por qué en la narrativa es determinante el tratamiento del tema."

—¿Qué espera de este trabajo en lo personal y como parte del colectivo de creadores al que usted pertenece?

—"Formar parte de este colectivo artístico tiene para mí un matiz de excelencia, dado que nuestro propósito fundamental es el de llamar a la reflexión sobre un tema que lo merece desde hace mucho tiempo. La versión cinematográfica de Fátima o el Parque de la Fraternidad, que de por sí está llena de matices, se adentra en un mundo poco conocido y propone un ‘yo’ permanente y no transitorio: intentar ser iguales, respetarnos y comprendernos como seres humanos que interactuamos y formamos parte de la misma sociedad, lo que al final deja ante nuestros ojos un mensaje de largo alcance: todos somos cubanos".

viernes, 1 de noviembre de 2013

Miguel Barnet: “Fátima o el Parque de la Fraternidad” no es otra película de tema gay

De izquierda a derecha, Fidel Antonio Orta (guionista), Miguel Barnet (escritor) y Jorge Perugorría (director de cine). Foto: Cubarte.
Mientras se filmaba Fátima o el Parque de la Fraternidad en La Habana, fuera y dentro de la capital cubana corrían rumores de que ésta era una especie de segunda parte si no un homenaje a la trascendencia de ese ícono de la cinematografía criolla que es Fresa y chocolate. La prensa extranjera acreditada en la Isla, la definía como “un filme de tema gay”, dirigido ahora por quien fuera el protagonista, hace dos décadas, de la película deGutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío que en muchos sentidos contribuyó a cambiar las ásperas miradas nacionales a la homosexualidad.

Pero Miguel Barnet, poeta, ensayista, autor de éxito como pocos en su relación con el cine, discrepa de esa percepción estimulada por las primeras crónicas sobre el nuevo filme de Perugorría. Cuando le pregunté ¿otra película gay?, no demoró un segundo en responder con la mayor contundencia.

¿Otra película gay?

Para nada, “Fátima o el parque de la Fraternidad” es otro largometraje, el tercero, que se basa en una historia escrita por mí. Primero fue “Gallego” y después “La Bella del Alhambra”.

Este (“Fátima…”) es el tema de una persona que vive en la angustia diaria de sentirse atrapada en un cuerpo masculino, el cuerpo de hombre, con nombre como el que tenía, Manolo, de toreros, de carnicero, y vive esa dualidad que es una tragedia. Pero pudo haber sido una tragedia religiosa o de otro carácter, pudo haber sido la historia de un plomero o de cualquiera otra persona que ha vivido de una profesión que no le satisface en su vida.

Escogí el tema porque me parece que es uno de los grandes dramas de la contemporaneidad. Con estos seres que ahora son reconocidos, admitidos, tolerados -para utilizar un verbo tan feo como tolerar que debería de eliminarse de todos los diccionarios, porque cuando toleramos algo es porque tenemos un canon y miramos por encima del hombro y toleramos lo que no es igual a nosotros-; yo creo que tiene que haber una comprensión, una convivencia natural. Es difícil, lo se, porque se convierten en estereotipos y no es fácil aceptar un estereotipo.

Yo quise entrar en un drama humano, humano y social con rasgos sicológicos muy fuertes y me pareció que lo más representativo era el tema del travestismo. En definitiva, un escritor es un travestido, como lo es un artista plástico. Un actor o una actriz se trasvisten. Es lo que pasa con Elizabeth Taylor cuando hace de Cleopatra.

Cuando un escritor escribe sobre un esclavo, una vedette de un teatro o un emigrante –que es mi caso- incorpora ese personaje de una manera tan orgánica, si es un artista de verdad, si es un escritor que se respete, que es difícil después sacarse esos personajes de adentro. Se te quedan esos rumores, se te quedan esos escarceos por dentro cuando tú has desarrollado un personaje.

Yo recuerdo que cuando terminé de escribir “Gallego“, la novela terminaba diciendo “y qué puedo decir ya…” si lo había dicho todo, me sentí muy mal, muy contraído, muy depresivo esa madrugada que terminé: “ya se me fue, ya se me fue –me decía a mí mismo- cómo me despido de este personaje que durante tres años he construido, identificándome con él, compartiendo sus dolores, sus tristezas, sus alegrías”. Un escritor sufre mucho, siente una gran angustia porque va dejando jirones de sí mismo en todos esos personajes.

Y yo me identifiqué también con esos personajes (de “Fátima…”) porque los he visto aquí en Cuba, en Europa, en todas partes y he sentido un gran respeto y una gran compasión, porque sufren uno de los dramas más terribles: no querer ser como son.

Querer ser de otra manera y no poder nunca alcanzar esa meta. Porque nunca pueden alcanzar la meta de ser lo que no son. Son personas inacabadas, imperfectas, que sufren mucho porque tienen una vida amputada, manca. Entonces yo quise entrar en ese tema.

Esta no es una película que trate de un tema gay de una manera epidérmica, frívola. Es el caso de un homosexual que se trasviste, pero porque no quiere ser un homosexual, quiere ser una mujer; tiene una relación con un hombre que es un bisexual o un heterosexual (ya no sé cómo definirlo) que lo que hace es manipularlo y explotarlo, pero esta persona tiene sentimientos afectivos, sentimientos de amor, de desgarramiento.

Vemos a veces a estas personas en los espectáculos, en las tablas, a veces en espectáculos de segunda o cuarta categoría y no entramos en el dolor que hay en estas almas y eso fue lo que yo quise expresar.

Por eso no es una película ni un espectáculo musical de travestis. Habrá flashazos de travestimos, habrá espectáculo, habrá música, pero el super objetivo es despertar la conciencia de los seres humanos sobre todas las personas que conviven con nosotros en este mundo.

El cuento se escribió hace años y se ganó el Juan Rulfo hace 6 ó 7 años. Está publicado en Estados Unidos, en Alemania y ha tenido divulgación, pero si quieres que te hable de la génesis de la película, ese cuento yo lo leí en una ocasión en casa de un amigo mío ya lamentablemente fallecido, un gran escultor y orfebre cubano, Pepe Rafart. Y ese día, que tiene que haber sido alrededor del 2006, porque fue a la sazón de ganar el premio cuando se generó una expectativa, en esa velada, entre otras personas estaba Eusebio Leal, el historiador de la Ciudad, que se motivó mucho por el cuento y me invitó a grabarlo. Yo lo grabé y él le hizo una edición preciosa con un disco muy bello que editó la Oficina del Historiador en la voz mía, no interpretando sino leyendo el cuento, claro con sus entonaciones, con sus matices.

Una noche yo puse ese cuento en casa de otro amigo mío, para que lo escucharan algunos artistas que estaban allí. Entonces Pichy lo escuchó y se entusiasmó muchísimo y me dijo qué bueno está esto para una película. El productor ejecutivo de la película, Jay Rodríguez, un amigo norteamericano español que vive en Cuba dijo que haría lo indecible porque se llevara al cine. Él es quien indujo a Pichy para que hiciera la película porque este sueño, este proyecto de todos nosotros, necesitaba recursos para hacerse.

Un escritor con suerte en el cine

Yo he estado siempre distanciado cuando se ha hecho una película sobre una obra mía, ya sea una novela o un cuento. He tratado de distanciarme porque pienso que la literatura tiene sus leyes, pero el cine también. Yo respeto mucho al director, al director de arte y al guionista. Y aquí, de este cuento, yo no sabía cómo hacer el guión, porque no me gusta hacerle la trepanación del cráneo a lo que yo he creado, la cirugía mayor, eso es pedirle demasiado a un escritor.

Entonces me auxilié de un guionista ya con experiencia, Fidel Antonio Orta, que ha hecho un guión realmente extraordinario, con una dramaturgia, no lineal ni cronológica, sino circular. Hay cronología, pero hay sicología. El tiempo cronológico es de cinco horas en la vida de este personaje, pero el tiempo sicológico son muchos años, 40 y pico de años, los años en que esa persona estuvo fraguando, estuvo acunando, esa otra personalidad que floreció cuando se encontró por primera vez en un espectáculo de travestis y dijo: “esto es lo que yo quiero ser”. Es un acto, no solamente de desafío ni solamente de valentía, -porque había que tener coraje para asumir eso- es un acto, yo diría, de salvación espiritual. Es un acto de autoestima: “yo quiero hacer esto contra viento y marea y voy a enfrentar todos los obstáculos, todas las burlas, todos los escarnios que me dé la sociedad”.

Es un personaje que yo admiro, ¿sabes? Porque tiene tres conflictos fundamentales en su vida: el primero querer ser mujer cuando no es mujer biológicamente; el segundo enamorarse de lo imposible, a sabiendas de que es lo imposible -porque no creo que este personaje haya sido ingenuo- tenía amores con este hombre, pero sabía que no iba a poder reproducir el esquema heterosexual que la sociedad le exigía, sin embargo lo asumió así.

Y el tercer conflicto es el de querer ser una gran artista. Ninguno de estos personajes logra ser ni Edith Piaf, ni Beyonce, ni Rosita Fornés en el caso de Cuba. No lo logran porque no tienen la voz, no tienen las facultades. Son una especie de ventrílocuos, copias, calcomanías. Yo siento una gran compasión por ellos y a la vez una gran admiración. Porque yo admiro a todas las personas que desafían el prejuicio y las convenciones.

¿Podría ser una segunda “Fresa y Chocolate”?

Ojalá que pueda ser trascendente. Fresa y Chocolate es una obra realizada con mano maestra por parte de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío y con una actuación brillante, tanto de Perogurría como de Vladimir Cruz, pero no les veo similitud ni paralelo.

Sí, los dos cuentos son los dos cubanos que han ganado el Juan Rulfo*, hay temas parecidos, pero no es la misma tragedia. En ningún momento el personaje de Fresa y Chcocolate quiso ser una mujer. Y eso me parece que conduce a Fátima a otra dimensión de lo que los clásicos griegos llamarían lo trágico.

De todas maneras me complace mucho que Jorge Perugorría se haya entusiasmado y que sea el director, porque se ha identificado con el tema de la diversidad, pero la verdad es que nunca pensé en Fresa y Chocolatecuando estaba escribiendo este cuento. Pensé en el Parque de la Fraternidad, en Fátima y en estos personajes de la noche. No le veo un vínculo directo, honestamente.

¿Y “Cimarrón”, por qué no está en el cine todavía?

He recibido propuestas, algunas muy interesantes y muy apetecibles. Cimarrón es un libro que tiene su propia vida y Esteban Montejo es un personaje muy entrañable para mí por muchas razones y no me gustaría…

Los únicos dos guiones para ficción que me han presentado, no me ha complacido. Uno venía de Estados Unidos y otro de Puerto Rico. Ninguno de Cuba. Quizás porque los cineastas cubanos no están interesados o saben que no lo aceptaría yo. Sí se han hecho dos o tres documentales.

En una ocasión recibí un proyecto de guión y no me gustó lo que vi: un negro subiendo por el monte, detrás de una mujer rubia que se parecía a Lady Godiva en un caballo, hija del amo… eso no pasó en la historia que yo cuento en la Biografía de un Cimarrón. Esas cosas rocambolescas y sensacionalistas no me interesan.

Ese libro para mi significa mucho, me abrió muchas puertas, honestamente. Surgió en un momento… del black power norteamericano, surgió en un momento… idóneo y tuvo muchas ediciones y tiene muchas todavía, entonces ver en el cine a Esteban Montejo, mi personaje de Cimarrón, no, eso no me complace. Yo lo quiero tener por dentro. Ni así me den todo el oro del mundo -y quiero decir que me han ofrecido sumas, pero las he rechazado- porque para mi la memoria de Esteban Montejo, el respeto, el cariño y la confianza que se produjo entre nosotros, no tiene precio.

Y quisiera que cuando yo ya no esté en este mundo, cuando esté en el éter, a nadie se le ocurriera hacer nada con este libro, que lo dejen como está. Sería la mejor compensación y el mejor regalo que me harían cuando yo ya no esté en este mundo.

El raro elogio de escritor a guionista

El guión es extraordinario. Yo me conmoví mucho porque vi a los personajes, que eran secundarios, los vi, los vi vivos, escuché sus voces. Fidel Antonio Orta realmente estableció conmigo una comunión, una comunicación absoluta y me llamó la atención, con todo respeto, porque es un escritor, es un hombre, absolutamente heterosexual, sin la más mínima inclinación… y se identificó tanto, tanto, tanto, que eso me demuestra a mí que el ser humano tiene cosas que aprender de personas como Fátima.

Me impresionó mucho también el actor que incorporó a Fátima porque lo hizo con una gran sensibilidad, en una demostración de sus cualidades histriónicas por encima de sus gustos personales y de su condición también de heterosexual. Eso me resulta a mi mucho más convincente y conmovedor porque es un actor que tiene que desdoblarse completamente y eso tiene un doble mérito.

¿Está feliz?

Sí, yo soy feliz. Soy un hombre muy privilegiado, no me quejo de la vida. Jamás pensé que iba a ser un escritor con tres películas en el cine cubano.

Nunca trabajé para eso. Incluso soy un hombre que va poco al cine, me gusta más el teatro. La gente de teatro te puede decir que me paso la vida en los teatros, pero si llego a una sala de cine, me puedo aburrir, así sea una obra de arte. El cine lo veo distante, frio. No me gusta Anna Karenina en Greta Garbo -creo que soy el único que rechaza a Greta Garbo- yo veo distinta a Anna Karenina, la veo con ojeras, con pecas, no la veo bonita… Es que el cine me resulta a veces insultante porque me impone un arquetipo. Por eso soy lector, un gran lector. Yo vi Los hermanos Karamazov, por ejemplo y dije: una gran película, una joya, pero para mí….yo los veía diferentes. Cuando uno lee un libro, uno siente el aliento de las personas, los olores, las miradas. El personaje de The Catcher in the Rye, el personaje de Salinger, el personaje de El guardián en el Trigal, yo lo amo, es uno de mis personajes, que por cierto, el asesino de John Lennon iba con ese libro bajo el brazo, pero como me lo pongan en el cine, no voy al cine, porque yo lo tengo caracterizado como yo lo imagino.

El único personaje que me ha convencido en el cine, ha sido la Cecilia Valdés de Daysi Granados, porque yo concebía así a Cecilia Valdés, a pesar de que decían que ya ella estaba muy mayor para hacer ese personaje, pero a mi me gustó, me convenció. El escritor es muy raro, por lo general el escritor nunca queda satisfecho con la obra que le llevan al cine.

Pero si está feliz con las película de sus obras es porque sus personajes están como los hizo, ¿o no?


Carlos Enrique Almirante en el papel de Fátima. La película se estrena el próximo año
No, no, no. Ninguno me convence. Me convence Carlos Enrique como la Fátima de la película, pero no como la Fátima del cuento. La Fátima del cuento es un hombre mayor de 46 años, no es agraciado, tiene ciertos rasgos grotescos, cierta ingenuidad guajira y cierta vulgaridad urbana. La Fátima de Carlos Enrique Almirante es deliciosa, es fina, es bella. Es la Fátima del cine.


Jamás me convenció Beatriz Valdés en La Bella del Alhambra. Me convenció la película, que creo que es una joya del musical cubano, pero para mi La Bella del Alhambra es Amalia Sorg, mi Amalia Sorg maravillosa que yo conocí, que llevé al cementerio con 90 años, que era una mujer regordeta de ojos claros y de origen judío, húngara. Era otra cosa. El Gallego tampoco.

Me convencen las películas, pero no mis personajes llevados al cine. Ninguno de ellos son mis personajes de verdad, porque llevados al cine serían demasiado realistas y el cine quiere personajes bellos, hermosos, elegantes, glamorosos.

¿Y respeta al cine aunque sus personajes sean otros?

Yo respeto mucho al cine y no pretendo que respeten a mis personajes. Imagínate el Gallego mío, que yo lo concebí como un hombre bajito, rechoncho, barrigón, eso no podía ir al cine, tenían que buscar a Sancho Gracia, que era un hombre apuesto, el famoso Curro Jiménez, bien parecido, amante de un centenar de mujeres españolas y latinoamericanas…

El cine me convence como cine y Beatriz Valdés se acerca, pero nunca fue Amalia Sorg. El encanto y el glamour de Amalia Sorg no los tuvo nunca nadie que no fuera Amalia Sorg. Tengo que ser sincero, aunque eso me busque problemas.

Pero se le advierte entusiasmo por Fátima, se le ve feliz

Lo que he visto me complace mucho porque he visto a Pichy (Perugorría) dirigir con entusiasmo, con entrega total y he visto a todo el elenco trabajar, que es un elenco de lujo: Mirta Ibarra, Broselianda Hernández, Néstor Jiménez que hace el padre… Tomás Cao. Pero feliz feliz estaré cuando vea la película. Por ahora solo estoy lleno de inquietudes y esperando que salga el sol.